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Los Discos del 2016: El Top 40 del año

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Nueva lista con lo mejor de este 2016 en cuanto a álbumes internacionales se refiere, en este caso la publica la revista Mondo Sonoro

40.- Flume

“Skin”

(Future Classic / [PIAS])

(ELECTRÓNICA) “Skin” es un disco ecléctico, con gancho y cargado de temazos de principio a fin. En él, el australiano no solamente invita a un puñado de colaboradores de renombre (Beck, AlunaGeorge, Raekwon…) sino que vuelve a demostrar que lo suyo no es cosa de un solo género. Daniel Mesa


39.- Fatima Al Qadiri

“Brute”

(Hyperdub / Popstock!)

(ELECTRÓNICA) Al Qadiri, acostumbrada a manejarse en el multidisciplinar terreno del arte conceptual, renuncia al uso de la palabra (recurso de géneros como la canción protesta, que históricamente se ha ocupado de “cantar” estos temas) y compone una hermosa banda sonora a partir de bajos intimidantes, golpes de percusión que suenan como disparos, sirenas policiales, sampleos de las grabaciones de las protestas y líneas de sintes que evocan coros angelicales. Luis J. Menéndez


38.- Nails

“You Will Never Be One Of Us”

(Nuclear Blast / [PIAS])

(METAL) En seis años, el trío californiano ha alcanzado un nivel que muchos envidiarían, más allá de su popularidad. Su tercer trabajo, es un puñetazo en plena cara, y una patada en el estómago una vez estamos en el suelo. Poco más de veinte minutos tocados a toda velocidad y con la rabia por bandera. Joan S. Luna


37.- Acid Arab

“Musique de France”

(Crammed/Karonte)

(ELECTRÓNICA) Los parisinos Minisky y Hervése viajaron a Túnez de la mano del Dj Gilb’R para bautizarse en la rica tradición musical del Magreb. Desde entonces no han parado de colaborar con otros músicos (en este disco de Rachid Taha, Sofiane Saidi, Rizan Said, A-WA,…) en la construcción de un discurso que bebe por igual de lo arábigo y la clásica escuela ácida parisina. Luis J. Menéndez


36.- Die Antwoord

“Mount Ninji And Da Nice Time Kid”

(Zef / Popstock!)

(ELECTRÓNICA) Cuarto disco de estudio de Die Antwoord, la formación terrorista pop sudafricana, y volvemos al día de la marmota sobre eso de si molan o no y si lo suyo va en serio. A ver, ¿cómo no va a molar un grupo que hace cantar a un niño de siete años sobre penes con alas y tetas (Lil Tommy Terror en “Wings On My Penis” y “U Like Boobies?”? ¿O que consigue que Jack Black se marque un “Pesadilla antes de navidad” en “Rats Rule”? ¿O que se inspire en una estrofa del “Mickey” de Toni Basil para un rapeado de la explosiva “Banana Brain”? Xavi Sánchez Pons

35.- Car Seat Headrest

“Teens Of Denial”

(Matador / Popstock!)

(POP) Más allá del incidente, lo importante es que un tipo que escribe títulos de canciones como “Destroyed by Hippie Powers”, “Cosmic Hero”, “Drunk Drivers/Killer Whales” o la épica “The Ballad of The Costa Concordia” (acuérdense de aquel infame capitán italiano que dejó tirado a pasaje y tripulación en pleno naufragio) merece crédito. Pero es que las letras y la música acompañan. Toledo concilia con sorprendente madurez las esencias crudas del rock clásico con el indie de los 80 y 90 (Pavement, Neutral Milk Hotel, Dinosaur Jr, incluso Nada Surf), destilando en sus letras humor descarnado y la desubicación juvenil de su adolescente álter ego. José Carlos Peña


34.- Solange

“A Seat At The Table”

(Columbia / Sony)

(R’N’B) “A Seat At The Table” se ha convertido en el álbum que aúna todo lo que Solange quiso mostrar al gran público desde sus comienzos. Es un disco en el que cada canción respira gracias a sus fuertes influencias, sus amadas leyendas del soul y el r’n’b más clásico vagan por el largo dejando lo mejor de ellos mismos. Es una confrontación entre el pasado y el futuro, una intención de recuperar la música como medio de protesta para su comunidad. Soltar verdades, hablar del caos, el agotamiento, o la angustia de sus semejantes. Álex Jerez


33.- Jambinai

“A Hermitage”

(Bella Union / [PIAS])

(POST-ROCK) Corea del Sur es un país complicado: musicalmente, es fácil triunfar si se es una estrella de Youtube (boybands, girlbands, el ejemplo evidente de Gangnam Style). Jambinai, completamente al margen de estas esferas, ha conseguido un notable triunfo en el su país practicando un post-hardcore en el que integra elementos del folklore surcoreano y oriental. Instrumentos asiáticos (hu-ch’in, ti, p’ai-shiao) y spoken word en su lengua natal (como en “Abyss”) son los elementos principales que dan a “A Heritage” el acento surcoreano que lo distingue de cualquier otra banda del post-hardcore. Daniel Treviño


32.- Sturgill Simpson

“A Sailor’s Guide To Earth”

(Without Consent / [PIAS])

(AMERICANA) Nombres como el de Sturgill Simpson han logrado que en los últimos años el sonido de raíces no se convierta en una mera rememoración de los clásicos, sino la representación de ellos bajo nuevas formas. Una meta a la que siempre se ha encaminado el norteamericano y que encuentra en este nuevo trabajo su clímax. Eso no quiere decir que desaparezca el reflejo de referentes como Waylon Jennings (solamente hay que escuchar “Sea Stories”), pero sí que apuesta por una producción de mayor majestuosidad, que en contacto con su voz barítona alcanza cotas casi operisticas en “Welcome To Earth (Pollywog)”.  Kepa Arbizu


31.- Fat White Family

“Songs For Our Mothers”

(Without Consent / [PIAS])

(ROCK) El baile comienza con el single “Whitest Boy On The Beach”, un primer chute de resplandeciente oscuridad bajo una bola de espejos de sexo, drogas y muerte que no dejará de girar hasta el tema final. “Satisfied” es un country industrial y fantasmagórico sobre el vértigo/miedo al sexo que te taladra la cabeza con su ritmo repetitivo y creciente. La danza de mascaras sigue con otro mensaje de amor y buenas intenciones, la sinuosa y serpenteante “Love Is The Crack” o la hipnótica “Duce”, con la que nos adentramos en una especie de ritual sonoro de distorsiones, cuero y terciopelo que nos recuerda por momentos al “Venus In Furs” de los siempre presentes The Velvet Underground.Un disco crudo y auténtico de dificil digestión, como la vida. David Pérez Marín

30.- Elza Soares

“The Woman At The End Of The World”

(Mais Um Discos)

(WORLD MUSIC) A sus ochenta años y tras haber vivido una vida que daría para varios documentales, la brasileña ha dado forma a un álbum sorprendente de samba experimental, salpicado de jazz alocado (en “Benedita” se acerca incluso a Primus o Zappa), funk, rock e incluso post-rock ruidista. Joan S. Luna


29.- Moderat

“III”

(Monkeytown)

(ELECTRÓNICA) No es fácil mejorar lo escrito, no es fácil superar las expectativas que el público ha depositado en el trío. Apparat y Modeselektor debían superarse a sí mismos en este nuevo disco, debían hacer algo nuevo que siguiera sonando a Moderat y que no perdiera la chispa que les hace tan especiales. La pregunta está clara, ¿lo han logrado? Sí. “III” se acerca más al pop electrónico que al techno que caracterizaba los anteriores lanzamientos de los berlineses. La melancólica voz de Sascha, protagonista absoluta de esta edición, tiene esa mágica capacidad de crear elegantes y sensuales paisajes sonoros que, unidos a la contundencia e intensidad de Modeselektor, hacen de cada canción una explosión acústica. Marta Ruiz


28.- Parquet Courts

“Human Performance”

(Rough Trade / Popstock!)

(ROCK) Los de Brooklyn han reaparecido en escena con “Human Performance” como si lo del año pasado hubiera sido una broma pesada, un simulacro. Han vuelto las guitarras secas y las baterías constantes y esa voz dejada con la que Andrew Savage parece hacer constantes declaraciones de suicidio frustradas tras no haber encontrado café un lunes por la mañana. Esto es, Parquet Courts en toda regla. Lo que les mantiene en su indefinible limbo de “americana punk” o “post garage wave revival” (¿?), constatando que en el emporio underground estadounidense hay islas que escapan de la omnipresencia del sonido california. Daniel Treviño


27.- Dengue Dengue Dengue

“Siete raíces”

(Enchufada)

(ELECTRÓNICA) Los peligros que tiene producir un álbum debut que se convierta en símbolo de un género al alza, es que el examen contigo mismo y el peligro de convertirte en una banda de versiones de tu propia obra están a la orden del día. Los peruanos Dengue Dengue Dengue mataron la presión y el miedo por la vía de la expansión sonora en un nuevo ejercicio discográfico que sigue supurando un contagioso veneno que nos invita tanto a bailar como a encender dos velas negras que no son precisamente las de la Bruja Lola, sino la de la misa profana tropical. Así suena al menos “Siete raíces”, segundo LP del dúo limeño que, cuatro años después del revolucionario “La alianza profana” (Auxiliar, 2012) y dos del EP “Serpiente dorada” (Enchufada, 2014), han conseguido edificar una facción de global bass con trazas footwork sin perder el tino por esa colisión entre dub y cumbia negra de raíces folclóricas amazónicas mostrada en sus dos ejercicios anteriores, auténtica marca de la casa. Alan Queipo


26.- Ital Tek

“Hollowed”

(Planet Mu)

(ELECTRÓNICA) Soy de los que piensan firmemente que cuando un artista consigue encontrar su camino (hay quienes llevan décadas intentándolo sin éxito), poco más hay que decir sobre sus decisiones. Esto es lo que Alan Myson aka Ital Tek parece querer decirnos con este “Hollowed”, su sexto largo hasta la fecha. Un álbum de una soberbia descomunal solo comparable a la versión más etérea de James Holden (“Beyond Sight” podría ser una cara B del redondo “The Idiots Are Winning”), a la adictiva melancolía de los Telefon Tel Aviv o a una Fatima Al Qadiri despojada del pluggin ‘flute’. Aquellos a los que se la ponía dura el rollito UK garage del que hacían gala sus EP “Hyper Real” (2013) o “Mega City Industry” (2014) que se vayan olvidando. El niño protegido de Planet Mu, sello en el milita desde hace casi una década, cambia de tercio y deja a un lado la tralla y la bass music -esa que tanto ha saturado las últimas hornadas de música electrónica– para sumergirse en la electrónica de emociones y volver al sonido que marcó sus referencias más tempranas. Daniel Mesa

25.- Savages

“Adore Life”

(Matador / Popstock!)

(ROCK) Inevitablemente el planteamiento condiciona el sonido de “Adore Life”, un álbum que en líneas generales resulta aún más abrupto y encabronado que su antecesor “Silence Yourself”, con una rocosa base rítmica protagonista y Gemma Thompson cada vez más ruidosa explorando las posibilidades de su guitarra entre acoples, ecos y distorsiones. El experimento previo junto a Bo Ningen y la devoción que el cuarteto de Londres demuestra por Swans igualmente señalan el camino de un trabajo que confirma el empoderamiento rock de Savages. Luis J. Menéndez


24.- Angel Olsen

“My Woman”

(Jagjaguwar / Popstock!)

(FOLK) Son los ritmos downtempo, la fragilidad y fuerza de su voz, las potentes reflexiones que hace sobre su condición como mujer y la facilidad con la que se desnuda frente a nuestros oídos lo que hace de Angel Olsen una de las artistas más auténticas e interesantes de la escena folk rock, a medio camino entre la robusta Courtney Barnett y la vigorosa Sharon Van Etten. Y entre tanta coba, olvidaba compartir los versos culpables de mi instantáneo asombro por este disco: “I just want to be alive, make something real”. Cuando, más allá de quererlo, Angel Olsen lo consigue. Raquel Pàges


23.- Nicolas Jaar

“Sirens”

(Other People / Popstock!)

(ELECTRÓNICA) El juego es sencillo, comienza con el simple gesto de darle al play. Una vez que “Killing Time” empieza a sonar, Jaar está haciéndose un hueco en tu interior y, sin que puedas llegar a darte cuenta, antes del décimo minuto de este largo cántico donde el piano se entrelaza al sonido del mar, ya forma parte de ti mismo. Seis tracks, cargados de poderosas emociones, con los que descubrimos a un Nicolas Jaar mucho más serio y completo del que habíamos conocido hasta ahora. Jaar describe este álbum con un fuerte interés y una dirección total hacia un sentido político, explicando que cada vez siente más necesidad de darle un contexto social a su obra. Con 26 años, el chileno criado en la Gran Manzana ha lanzado un disco que le consagra como uno de los artistas sobre los que gravita la electrónica contemporánea. Marta Ruiz


22.- Kaytranada

“99.9%”

(XL / Popstock!)

(ELECTRÓNICA) El disco de debut del célebre beatmaker y productor haitiano Kaytranada contiene quince temas en los que colaboran gente como AlunaGeorge, Little Dragon y Craig David, entre otros figurones del mejor asunto negroide y aledaños. Para colmo la colorista portada la firma el ilustrador español Ricardo Cavolo. Y es que aquí de todo y bueno, como en botica antigua. Fernando Fuentes


21.- PJ Harvey

“The Hope Six Demolition Project”

(Island/Universal)

(ROCK) Insiste en el tono de su anterior trabajo, aunque el impacto -por conocido- sea menor, lo que no impide encontrar crudeza y desasosiego en “The Wheel”, mientras los niños desaparecen y emerge una cifra (28.000) que también es la de los soldados que la OTAN desplegó inicialmente en Kosovo. Esa dualidad entre la inmediatez pop de algunos cortes y la densidad de otros hace que “The Hope Six Demolition Project” se aleje un par de pasos de la extraordinaria coherencia que mostraba “Let England Shake”, aunque en sus 41 minutos casi no dé tiempo a pensarlo, cerrándose con el rock punzante de “Dollar, Dollar”, que ofrece la imagen de un niño pidiendo que acerca su cara al cristal de un coche atrapado en un atasco. Como ocurría al principio, no es difícil reubicar la escena en nuestro día a día, bajando la ventanilla fugazmente, mirando hacia otro lado o simplemente subiendo la música. La rueda de PJ Harvey sigue girando. Enrique Peñas

20.- Touché Amoré

“Stage Four”

(Epitaph / [PIAS])

(HARDCORE) La rabia habitual del post-hardcore de los californianos más propia de su anterior “Is Survived By” se deja ver en temas como “Posing Holy”, pero esta nueva entrega es mucho más compleja. Partes más cantadas, tanteos a otros géneros como el post-punk y el shoegaze… Montse Galeano


19.- Kevin Morby

“Signing Saw”

(Dead Oceans / Popstock!)

(FOLK-ROCK) Kevin Morby tiene trazas de genio, o cuando menos de artista tremendamente especial, documentado y mágico. Sus dos maravillosos discos previos ya dieron buena cuenta del perfil del neoyorquino, y la presente entrega no hace sino confirmar la explosión definitiva de su talento. “Signing Saw” es un álbum melancólico pero cálido, consistente en contenido y (muy) cuidado en la forma, que no deja de crecer en matices y trascendencia hasta motivar su definitiva solemnidad. El indie-folk es sólo el punto de partida en torno al que trabajar estructuras, todas ellas destinadas al apuntalamiento de una aparente sencillez con la que conquistar al oyente.El ex Woods muestra amplia variedad de mutaciones del género expandidas en diferentes direcciones, y evidenciando a su paso referentes como Kurt Vile, Leonard Cohen, Destroyer e incluso The Velvet Underground y Devendra Banhart en su versión más mística. Raúl Julián


18.- Swans

“The Glowing Man”

(Mute / [PIAS])

(POST-ROCK) Está por ver cuál es el movimiento que tiene en la cabeza un tipo tan escurridizo como Gira pero, en cualquier caso, “The Glowing Man” es un disco lo suficientemente importante como para que hoy por hoy nos importe un rábano lo que está por venir. Es también el álbum más rico en matices de los que forman la serie, tanto en el aspecto de la producción como desde un punto de vista conceptual; y aquel en el que más nítidamente están presentes las diferentes facetas de Swans. Por supuesto las canciones-río que juegan con la intensidad y los crescendos épicos mostrando la faceta más salvaje del grupo: el trío “Cloud of Unknowing”, “Frankie M” (sobre un amigo cuya vida han destrozado sus adicciones) y el tema que da título al disco (que “reengancha” con “Bring The Sun / Toussaint L’Ouverture” del anterior disco) por sí solas ya se van hasta los 45 minutos de duración. A medio camino se quedan los quince minutos de “The World Looks Red / The World Looks Black”, más contenida, siempre a punto de estallar sin terminar de hacerlo y que recupera un antiguo texto del Gira más desquiciado para situarlo en un contexto completamente diferente de aquel con el que vio la luz (Sonic Youth hicieron suya la letra en “Confusion Is Sex”). “People Like Us” y, sobre todo, “When Will I Return?” (interpretada por Jennifer Gira) apuntan en una dirección completamente opuesta, acercándose al concepto canción que Gira manejó durante los noventa con Swans (la etapa Jarboe) y posteriormente en cuando pasó a firmar sus discos como Angels Of Light. Luis J. Menéndez


17.- Leonard Cohen

“You Want It Darker”

(Columbia / Sony)

(CANCIÓN) Andan los seguidores del veterano músico canadiense con la mosca tras la oreja. Y es que este decimocuarto disco de Leonard Cohen recuerda en demasía, por lo que respecta a tono y actitud, al “Blackstar” de David Bowie con su aroma a testamento existencial. Poco ha tardado en desmentirse y nos pide Cohen que nos fijemos en que no todo es oscuro y melancólico en este “You Want It Darker” sino que la esperanza también se asoma en sus letras (que no en su música). Razón no le falta aunque hay que escarbar lo suyo para encontrarse con esos retazos de luz. Empezar cantando “estoy listo, mi Señor”, ya me dirán ustedes. Nostalgia y búsqueda de paz espiritual aparte, Cohen vuelve a desmarcarse con un magnífico trabajo en el que, como no, destacan por su propio peso las letras que van de la picardía de “On the level” a la solemnidad de “It Seeemed the better”. Rotundamente magistral. Eduardo Izquierdo

16.- The Dillinger Escape Plan

“Dissociation”

(Party Smasher / Popstock!)

(HARDCORE) Como si de un réquiem se tratase, la atmósfera oscura que planea durante toda la grabación –más que palpable en cortes como la pausada “Symptom Of Terminal Illness”– sirve de perfecto hilo conductor para salvajadas impecablemente construidas como “Manufacturing Discontent”, “Honeysuckle” o la inicial “Limerenth Death”. Pero es en piezas como “Low Feels Blv.”, influenciada por el free jazz, o el tema homónimo que da título al disco (originalmente construido sobre un loop de percusión que les cedió Zack Hill, de Death Grips y Hella) en donde llegan a poner a prueba, una vez más, su capacidad de reinventarse. Quizás esa sea la gran baza de un trabajo que, además de redondo, destaca por hacer de lo imprevisible algo verdaderamente excitante y necesario. Como para no echarles de menos. Tomeu Canyelles

15.- Jenny Hval

“Blood Bitch”

(Sacred Bones / Popstock!)

(EXPERIMENTAL)“Whats this album about, Jenny?”, le pregunta una voz a Hval en “The Great Undressing”. “Its about a vampire”, contesta Jenny, y ambas voces se ríen. El sarcasmo y la acidez propia de la noruega viste la regla de mil formas, con su habitual sonido colindante con el dream pop, la electrónica minimalista y el spoken word. Ella misma ha dicho que “Blood Bitch” no es otra cosa que “una investigación sobre la sangre. Este álbum va de la más pura, poderosa, misteriosa y terrorífica de las sangres: la menstruación. La cadena de papel de váter rojiblanco que une a las vírgenes, las putas, las madres, las brujas, las soñadoras y las amantes”. Lo que viene después es un statement sonoro de diez temas. Daniel Treviño


14.- James Blake

“The Colour In Anything”

(Universal)

(ELECTRÓNICA) Con “Overgrown” (2013), James Blake consiguió aquello que está reservado a unos pocos: hacer de su nombre un género en sí mismo, más allá del post-dubstep que invocábamos a ciegas con su primer disco. Han sido muchos los que se han sumado luego a este sonido, desde Låpsley a John Garratt, pero es el autor de “Retrograde” el que más y mejor consigue transmitir, con esas notas de piano que se deslizan en penumbra sobre texturas abstractas, como lágrimas rodando, mientras de pronto aparece un corte oscuro, casi bailable (“I Hope My Life”), en contradicción con la delicadeza previa de “Put Away And Talk To Me”. Enrique Peñas


13.- Beyoncé

“Lemonade”

(Parkwood Entertainment)

(R’N’B) HBO el gigante del entretenimiento norteamericano se unió a Beyonce. Todos esperaban un videoclip o como mucho un corto/clip adelanto de su nuevo disco pero había más, mucho más. Doce canciones, once de ellas nuevas, con sus once nuevos vídeos, una hora larga… Y si musicalmente es su disco más crudo, rockero incluso, letristicamente es un diario de estos últimos meses de su vida, sobre todo sobre su relación con el propietario de Tidal -la aplicación que tiene en streaming y en primicia este nuevo trabajo de Beyoncé-, Jay Z. Marcos Molinero


12.- Anderson .Paak

“Malibu”

(Steel Wool / Obe)

(SOUL) No voy a decir que el mundo no vaya a ser el mismo después de la edición de “Malibu”, pero desde luego si Paak se hubiera rendido nos habríamos perdido un emocionante y particular recorrido por la música negra, con un planteamiento similar al de Kendrick Lamar en “To Pimp A Butterfly” (“Am I Wrong” podría ser perfectamente una cara B de Kendrick) o el “Black Messiah” de d’Angelo and The Vanguard: esa voluntad de hacerlo todo a la vez, estar en todas partes, resumir la esencia de todo y a la vez hacer un alegato personal. Puede sonar alocado comparar “Malibu” a dos de las piezas claves de la música negra de los últimos años –y de esta década, ya que estamos-, pero después de escuchar el nuevo trabajo de Anderson Paak no te queda otro remedio que admitir que, si bien todavía no está entre los grandes, oposita para ello. Joan Cabot


10.- The Drones

“Feelin Kinda Free”

(Tropical FuckStorm)

(ROCK) “But now I’m feelin’ kinda free / I’m going straight to DVD”, canta Liddiard en el tema que abre el disco. Siempre han tenido facilidad para provocar sudores fríos a sus fans más puristas, pero esta vez han roto la baraja. The Drones terminan de deshacerse del blues guitarrero y los aires Crazy Horse de una vez por todas y lo hacen entregando uno de sus mejores trabajos, un disco denso, hipnótico y -denle tiempo- de culto. Esa especie de épica sucia y corrosiva que les caracteriza desde sus inicios está tan presente como siempre, solo que esta vez las guitarras se retuercen sobre sintetizadores y la base rítmica se lanza hacia grooves casi hiphoperos. Y lo mejor: cuando no lo hace firman algunas de las mejores baladas de su carrera, con la voz de Fiona Kitschin sobresaliendo más que nunca en la mezcla. Darío García Coto

9.- Danny Brown

“Atrocity Exhibition”

(Warp / Music As Usual)

(RAP) Muchos se preguntaran qué pinta Danny Brown, el rapero de Detroit, editando su nuevo disco bajo el amparo del sello Warp Records. Pues tiene su parte de lógica. Su padre era DJ de música house, y preguntado sobre la mayor influencia para parir este disco no titubeó y declaró que la novela de J.G. Ballard que da nombre al disco y la música de Joy Division (que grabaron un tema del mismo título, inspirado en parte en la novela de Ballard). ¿Rap inspirado en Ian Curtis? Pues sí, el disco le ha quedado dramático, opresivo, de ambientes góticos y obsesivos. Ritmos orgánicos, musicalmente ricos basándose en la teoría del menos es más. Cuando tenemos miles de discos del género casi cada mes, sobresalir es muy difícil, pero Danny lo consigue de sobra con sus canciones. Solo por “Really Doe” con Kendrick Lamar, AB-Soul y Earl Sweatshirt ya vale la pena, pero es que ese tema es solamente la punta del iceberg. Si fuera una película seria un híbrido entre Fellini, Spike Lee y Lynch, si fuera un libro seria Edgar Allan Poe vs William Faulkner y si fuera un cuadro sería un Grant Wood perdido. Por suerte es un disco, uno de los más excitantes del año. Marcos Molinero

8.- Frank Ocean

“Blonde / Endless”

(Boys Don’t Cry)

(SOUL) Hay para todos los gustos, pero lo mejor de todo es la forma en la que Frank ha hecho uso de ellos. Tener a Beyoncé en un tema puede llevar a eclipsar el protagonismo de la pieza por completo. Sin embargo, la aparición de la diva en “Pink + White” es casi anecdótica. Aunque, más fugaz es aún el uso de Kendrick Lamar en “Skyline To” donde su voz es prácticamente irreconocible. Eso sí, el artista firma también como productor y compositor del tema junto a Frank. Y es que es aquí donde “Blonde” se corona como uno de los discos más ambiciosos del año. En los créditos que hay tras cada una de las historias del esperado regreso de Ocean. Sam Petts Davies (“A Moon Shaped Pool”), Matt Mysco (“The Colour In Anything”), Benjamin Wright (The Temptations, Michael Jackson, Justin Timberlake), Bob Ludwig (Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Nirvana) o Joe Visciano (David Bowie, Adele, Arcade Fire). Todo el mundo quería colaborar con el músico en el álbum que le convertirá en estrella. Y que, al ritmo que va, pasará a ser un imprescindible del género. Un proyecto que consiguió alcanzar la cumbre de las listas llevando a otro nivel el rnb y el hip-hop intimista que ya usaron figuras como Kanye West o Drake. Álex Jerez

7.- Michael Kiwanuka

“Love & Hate”

(Polydor / Universal)

(SOUL) De entre los músicos que emergieron gracias a la fiebre del nuevo soul, al que menos le correspondía esa etiqueta era a Michael Kiwanuka. “Home Again” demostraba que Kiwanuka no era en absoluto un purista del género. Su música necesitaba más tiempo que la de otros coetáneos para apreciarse en su justa medida, más paciencia para ser juzgada como merece. Ahora, “Love & Hate” es una obra que va más allá de los géneros, sin ceñirse a un estilo único (su caso es similar al de Donny Hathaway). El inicio con “Cold Little Heart” es modélico, con sus diez minutos de magia, un tempo suave y un magnetismo que se expande con el eco de las voces lejanas, una guitarra que araña sin dejar rasguños y un Kiwanuka que empieza a cantar a medio tema, despejando dudas -por si quedaba alguna- sobre su calidad como compositor y vocalista. Pero hay mucho más, como “Black Man In A White World”, con su intención de concienciar -a la manera de Fela Kuti o Gil Scott Heron- a quienes tienen el poder; “Place I Belong” aplaude las virtudes de los fructíferos años de la blaxplotation con su aroma a Bobby Womack; en “Father’s Child” nos enamora como Anthony Hamilton cuando está inspirado y “Love & Hate” nos cuenta como Jimi Hendrix le descubrió un nuevo universo cuando era un niño. Y sí, la mano de Danger Mouse se nota. Kiwanuka, de aquí al cielo. Toni Castarnado

6.- Bon Iver

“22, A Million”

(Jagjaguwar/ Popstock!)

(FOLK) Habrá quien considere, escuchándolo, que “22, A Million” es un movimiento forzado (no hace falta más que echarle un vistazo a los títulos de las canciones para tener claro que el estadounidense no pretende ponerle las cosas fáciles a los oyentes accidentales), mientras que otros entendemos que Vernon ha usado la presión en beneficio propio y, junto a buena parte de sus músicos habituales e influido por amigos como James Blake o Kanye West, se ha dejado llevar hacia algún lugar alejado de lo que en su caso sería más evidente. Nunca ante había echado mano de tanta electrónica, nunca antes había exprimido tanto el Autotune en sus canciones, nunca antes había sonado tan experimental. Y lo bueno de la historia es que todo ello no impide que “22, A Million” continúe atesorando una parte de la melancolía y la emoción de sus antecesores. Lo que ocurre es que, cuando uno está a punto de soltar la lagrimilla en los momentos más intensos, va Vernon y nos planta unos glitches malintencionados, suelta unas fugaces percusiones noqueantes o desdibuja la melodía hasta que casi nos olvidamos de ella. Con todo ello, Bon Iver redondea un álbum que nunca será el favorito de prácticamente ninguno de quienes le rendimos pleitesía, pero que encaja a la perfección en una evolución artística coherente a la huída del acomodo. Porque “22, A Million” es un disco exigente que requiere escuchas en buenas condiciones, pero que, al final –y eso es lo importante-, ofrece su recompensa. Joan S. Luna

5.- Anohni

“Hopelessness”

(Rough Trade / Popstock!)

(POP) El sexto disco de Anohni, primero sin The Johnsons y retorno al primer plano tras seis años de silencio, habla alto y claro de temas importantes y musicalmente supone su mayor reto desde que hiciera su puesta de largo con el cambio de siglo. Para ello ha recurrido a dos fenómenos de la electrónica contemporánea como son Hudson Mohawke y Oneohtrix Point Never, responsables de la producción de “Hopelessness” conjuntamente con la británica. Pero estas once canciones pertenecen a Anohni y lo que en esencia aportan sus dos compañeros de viaje es una riqueza cromática con maneras, eso sí, inconfundibles. La emocionante épica sintética de Hudson Mohawke se hace notar en el arranque y recta final del disco, en los mejores temas: apertura demoledora con “Drone Bomb Me”, “4 Degrees” y “Watch Me”; punto y final con un “Crisis” que huele a single y la delicada “Marrow”. Se intuye por su parte la aportación de Daniel Lopatin en la abstracción y texturas de los ejercicios más experimentales del disco: “Violent Men” o ese ajuste de cuentas con el actual presidente de EEUU que es “Obama”, con Anohni unas octavas por debajo de su registro habitual. En cualquier caso sorprende la advertencia de la artista a sus fans de siempre, calificando el disco de ruptura total con su obra anterior. No puedo estar de acuerdo. Más allá de la evidencia -los instrumentos tradicionales dejan paso a una producción netamente electrónica- los elementos que asociamos a su música siguen tanto o más presentes que en trabajos anteriores: el lirismo, la fragilidad y también el coraje que transmiten sus canciones. Luis J. Menéndez

4.- King Gizzard & The Lizard Wizard

“Nonagon Infinity”

(Heavenly/ [PIAS])

(ROCK) La nueva entrega se llama “Nonagon Infinity” y es brujería pura: dicen que es el primer álbum en bucle de la historia. Un concepto que según el vocalista/flautista/guitarrista Stu Mackenzie, la banda llevaba gestando desde su pepinazo con “I’m In Your Mind Fuzz” (Heavenly Recordings, 2014). Ya solamente los primeros ocho segundos de “Robot Stop” funcionan perfectamente como el presagio de algo que inevitablemente va a estallar. Y la voz de Mackenzie advierte: “Nonagon infinity abre la puerta”. A partir de ahí, un éxtasis sin tregua que va empalmando temas uno detrás de otro. Sin pausa, se suceden “Big Fish Wasp”, y los adelantos “Gamma Knife” y “People-Vultures” (ambos sacados a la luz en los últimos meses, con mención especial al videoclip de “Gamma Knife” y su estética de ciencia ficción futurista que podría perfectamente ser una historieta de 1984). Se sucede una breve pausa para coger aire de “Mr. Beat”, que por ser el más calmado quizás sea el tema que más se acerca a la dinámica de su trabajo más reciente, “Paper Mâché Dream Ballon” (Heavenly Recordings, 2015). Aun así, si algo identifica a los australianos es su eclecticismo e inmediatamente vuelven a empezar con “Evil Death Roll” las guitarras láser, las voces robotizadas y las baterías frenéticas que retoman el protagonismo; conformando el sello King Gizzard que les valió el apelativo de “la intersección neónica de la psicodelia DIY y el beach pop de los 60”. Ahí queda eso.La famosa improvisación constante de la banda se hace latente en “Invisible Face” y “Wah-Wah”, cortes que se confunden entre ellos, mutando, cambiando de estructura; hasta que se alcanza el culmen con “Road Train”… y vuelta a empezar. Se repite la advertencia de Mackenzie “Nonagon infinity opens the door” y vuelve el delirio, hasta que el cuerpo aguante. Daniel Treviño

3.- Kate Tempest

“Let Them Eat Chaos”

(Caroline / Music As Usual)

(RAP) En algún momento de su vida, Kate Tempest descubrió el poder de la palabra y desde entonces decidió que sería el cruce perfecto entre dos hombres, John Cooper Clarke y Mike Skinner, con las mismas pelotas que James Williamson, la misma mala leche, pero un vocabulario mucho más amplio. Acumula libros publicados (acaba de editar el poemario “Mantente firme” en castellano), fue vocalista de Sound Of Rum -aunque allí no rapeaba con tanto ímpetu como ahora- y lanzó hace un par de años otro huracán en formato disco (“Everybody Down”, en Big Dada) con el que “Let Them Eat Chaos” guarda muchísimos puntos en común. Dicho de otro modo, la Kate Tempest actual es la misma Kate Tempest de 2014 pero más mayor, más sabia y más rebelde todavía. Y el envoltorio musical que rodea a su voz, cuando lo hay, en “Let Them Eat Chaos”es parecido a lo que conocíamos de ella hasta el momento, aunque más desnudo y percutante: electrónica de líneas tensas pero constantes (desde el espíritu DFA de “Lionmouth Door Knocker” al bombear dub de “We Die”, pasando por el minimalismo melancólico de “Pictures On A Screen”). Tempest parece mucho más consciente de que tiene algo que comunicarle al mundo y que, en muchos casos, su voz es suficiente para dejarlo fluir y crear algo memorable y efectivo. Al margen de “Perfect Coffee” y “Grubby” –los únicos cortes en los que se permite cantar durante unos segundos-, Kate Tempest expulsa su fraseado con la fuerza de una ametralladora de paintball. El balazo no sangra, pero cuando llegas a casa descubres que algo que parecía inofensivo te hace arder la piel como hacía tiempo que nada lo hacía. Y todo ello sin que sus letras sean simples proclamas contestatarias, sino que son sus historias, sus ensayos cantados y sus protagonistas los que nos recuerdan que estamos nadando desesperadamente en mares de aguas residuales y pestilentes, que cuando no nos damos cuenta el sólido suelo sobre el que caminamos se convierte en arenas movedizas en las que la honestidad se hunde y la mierda parece flotar sin esfuerzo. Joan S. Luna

2.- David Bowie

(RCA / Sony)

(POP) Pese a ese oscuro telón de fondo, en “★” encontramos todos los elementos que hicieron de Bowie una estrella. A saber: su inconfundible interpretación vocal y una extraordinaria capacidad para facturar estribillos arrebatadores. Así, la sencilla “Sue (Or in a Season of Crime)” o la fantástica “Girl Loves Me” (escrita en Nadsat, el idioma ficticio de “La Naranja Mecánica”) bien podrían encajar en su trilogía de Berlín. Aunque tampoco desentonarían en “Outside” (Virgin, 96). Curiosamente ambos temas cuentan con la presencia de James Murphy (LCD Soundsystem) como percusionista adicional. Pero son los dos últimos cortes, “Dollar Days“ (la más Ziggy del lote) y, sobretodo “I Can’t Give Everything Away”, donde el genio británico aparta lo accesorio y se muestra con autentica e inesperada emotividad. Sobre un solo de saxo tan pretendidamente anti-cool que resulta cool, Bowie reivindica su necesidad vital de mantenerse alejado del foco mediático. Un desenlace confesional y sincero que revela la humanidad detrás del icono. Y es que, bajo capas de retorcido vanguardismo, “★” esconde un álbum de pop mayúsculo que se vuelve más convincente a cada escucha.
Esta mañana nos despertábamos con la noticia del fallecimiento de David Bowie y el disco entero toma un cáliz espectacular de despedida por todo lo alto. Lo que sólo podíamos intuir a través de sus crípticas letras tristemente se confirma. La vida de David Jones se estaba apagado y él era plenamente consciente de ello. Antes de marcharse del todo, en un acto de extraordinario altruismo, ha querido dejarnos una último regalo en forma de obra maestra. Tomás Crespo

1.- Nick Cave & The Bad Seeds

“Skeleton Tree”

(Kobalt / Popstock!)

(CANCIÓN) En un momento determinado de “One More Time With Feeling”, el documental sobre el proceso de grabación de este disco, Nick Cave hace un comentario a propósito de sus trabajos recientes: “Eran canciones bonitas”, dice con un gesto que puede interpretarse como de desdén, inédito para alguien que siempre ha defendido su producción musical con uñas y dientes. Desde su posición de aristócrata del rock, superados los vaivenes que ocasionó la huida de Blixa Bargeld y con los Bad Seeds -ahora “de Warren Ellis”- otra vez engrasados, Cave ha venido explotando esa faceta de crooner moderadamente salvaje que le canta con igual efectismo (y efectividad) al cielo y al infierno, al amor que a la falta de él. El culmen de esa exquisita farsa bien pudo ser “20.000 días en la tierra”, documental de 2014 en el que el personaje se sitúa al borde de la autoparodia.

Con sus palabras Cave coloca “Skeleton Tree” definitivamente en otra dimensión como punto y aparte en su trayectoria, a pesar de compartir métodos de trabajo con álbumes recientes, en concreto sus bandas sonoras junto a Ellis: a partir de una estructura mínima, las canciones crecen alrededor de las letras del australiano con aportaciones de sus músicos, Ellis, Sclavunos, Casey, Wydler y Vjestica. Es una fórmula de caos controlado que por momentos puede colapsar y casi siempre empuja las canciones en direcciones inesperadas. También una suerte de daguerrotipo bastante fidedigno de las vibraciones dentro del estudio. Y esa es la principal diferencia y también el valor de “Skeleton Tree” frente a discos como “Push The Sky Away” o “Dig, Lazarus Dig!!!”. Este álbum es, por encima de todo, un estado de ánimo, la tabla de salvación a la que aferrarse en el momento en que quedó claro que seguir adelante era la única opción posible.

A lo largo de sus cuarenta minutos de duración -también en ese sentido “Skeleton Tree” huele a clásico- no se pronuncia ni una sola vez el nombre de Arthur, pero la presencia de su ausencia sobrevuela un disco que corta la respiración cuando arranca (“Jesus Alone”): “Caíste desde cielo / Te estrellaste en un campo / Al lado del río Adur / […] Con mi voz te estoy llamando”. La narrativa marca de la casa deja paso a una serie de poderosas imágenes en las que iconografía “caveiana” de lo bíblico y la América gótica adquiere una nueva y escalofriante reinterpretación. “Nada importa realmente cuando aquel que amas se va / Todavía estás dentro de mí, nena / Te necesito en mi corazón”. En otro contexto temas como “I Need You” no pasarían de estándares. Hoy, aunque Cave ha explicado que parte de las letras se escribieron antes de la muerte de su hijo, resulta imposible no ligar ambas. En el documental de Andrew Dominik se habla de fatales coincidencias y del carácter “profético” de algunos escritos del pasado. Si ese es el caso de los pasajes más pornográficos en “Skeleton Tree”, la decisión de mantenerlos dentro del disco casi dice más de la voluntad de Cave y de su relación con esta colección de canciones que si hubieran surgido a posteriori…

Buena parte de las decisiones estrictamente musicales en el disco también resultan reveladoras. Desde luego la inédita fragilidad vocal del australiano en “Girl In Amber”, “I Need You” o “Distant Sky”. O el nulo protagonismo instrumental de unos Bad Seeds que se limitan a ejercer de testigos aportando coros solemnes y un colchón sonoro para que Cave desarrolle esas minimalistas melodías de piano. La secuenciación nos transporta desde la aterradora oscuridad inicial de “Jesus Alone” a una recta final en la que el dúo junto a la soprano danesa Else Torp (“Distant Sky”) hace las veces de bisagra. El tratamiento instrumental de la canción, cercano al ascetismo, enmarca una conversación entre hombre y mujer que enfrentan miedos ante la muerte: “Nos dijeron que nuestros dioses nos sobrevivirían / Nos dijeron que nuestros sueños nos sobrevivirían / Pero nos mintieron”, dice él. A lo que ella responde: “Vamos ya mi único compañero / Preparémonos para los cielos distantes / Pronto los niños habrán crecido / Esto no es para nuestros ojos”. A continuación la canción que da título al disco también le pone punto y final con lo más parecido a una victoria que podría sacarse de todo este montón de ruinas. Por primera vez reconocemos a los Bad Seeds –y hasta un ritmo de batería, ausente los 35 minutos previos- para terminar con una letanía que se pelea con la voz apesadumbrada de Cave: “Todo está bien ya / Todo está bien ya…”.

“Y si quieres sangrar, déjalo sangrar”, se canta en “Girl In Amber”. Inevitablemente el veredicto sobre “Skeleton Tree” está condicionado por todo lo acontecido. Es más, no es descabellado pensar que desde algunas tribunas se eleve a juicio moral la decisión de Cave de convertir una tragedia (su propia tragedia) en ejercicio artístico. Personalmente, creo que la habilidad de transformar las propias emociones en obras de carácter universal diferencia al artista de los que no ejercemos como tal. Sin ir más lejos, algo similar vivimos a principios de este mismo año con la angustia en diferido de David Bowie. El estremecimiento asociado a “Skeleton Tree” justifica más que de sobra que se señale el decimosexto disco de Nick Cave como una de las obras capitales en su carrera -una carrera, por otra parte, jalonada de discos sobresalientes-. Pero, más allá de lo inevitable de echar mano del background, también es de justicia señalar que el australiano ha completado su mejor colección de canciones desde al menos “The Boatman’s Call” -tal vez su mejor colección de canciones, a secas-, ejerciendo de médium y canalizando a través de la música un devastador terremoto interior. A la postre y más allá de las circunstancias que rodean al acto creativo -de los hábitos autodestructivos que se intuían en “Tender Prey” o del naufragio sentimental que hace dos décadas inspiraba canciones como “Into My Arms”- lo que con el tiempo permanece, lo verdaderamente valioso, es la capacidad de conmover. “Y este es el momento, esto es exactamente para lo que ella nació / Y esto es lo que hace y lo que ella es”.
Luis J. Menéndez


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